Pintores judíos del siglo XIX y XX

04/Nov/2014

Diario Judío, México, José Kaminer

Pintores judíos del siglo XIX y XX

Los pintores judíos no
comenzaron a ser conocidos hasta la segunda mitad del Siglo XIX, cuando sus
correligionarios pudieron al fin gozar del movimiento de Emancipación que se
manifestó por esa época en Europa. Anteriormente pocos judíos se habían
consagrado a la pintura por el hecho de que su condición social no les permitía
hacerlo libremente y que su religión prohibía la representación de las figuras
humanas. El Décimo Mandamiento, que representa uno de los principios básicos
del Judaísmo, decretó que no debían representarse los dioses con estatuas o las
imágenes que se hallaran bajo los cielos, sobre la tierra o sobre el mar. Este
texto recuerda también a sus seguidores que no representarán la imagen de Dios
de ninguna manera, ni crearán estatuas que representan los símbolos o imágenes
de hombre o mujer y aun de animales vivos sobre la tierra. (Deuteronomio 4:16 –
18). Este Mandamiento tuvo una influencia considerable sobre el curso de la
historia del arte judío, restringiendo o inhibiendo su pleno desarrollo.
Durante los siglos siguientes, las autoridades talmúdicas o rabínicas tuvieron
tendencia a reforzar este decreto y condenaron la mayoría de las veces las
representaciones de imágenes por idolátricas.
Por otra parte, las
excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en Israel permitieron constatar que
los judíos de los tiempos antiguos no se abstenían de representar imágenes. En
realidad, el Décimo Mandamiento fue interpretado de diversas maneras a pesar de
la censura de los rabinos. Ha habido gran variedad de formas de
representaciones visuales que permiten ver hoy que durante ciertos períodos las
comunidades judías y sus artistas llegaron a vivir y trabajar eludiendo las
prohibiciones. Los ricos mosaicos encontrados en las sinagogas de la Galilea y
los extraordinarios murales de la Sinagoga de Dora Europeos (Siria) que datan
del siglo III den., así como algunos escritos que están relacionados con
lugares de culto tienden a demostrar que el arte visual jugó un cierto rol en
la vida de los judíos en diferentes épocas. Sin embargo, el arte judío sufrió
luego un largo ciclo de decadencia antes del período de la Emancipación, a
principios del Siglo XIX. De hecho, los pintores de comienzos del Siglo XIX
ignoraron los principios religiosos prohibiendo la representación de imágenes y
trabajaron fuera del marco religioso. No obstante, como se indica que las artes
visuales, en particular el arte figurativo se convirtió con la Emancipación en
transmisor importante del judaísmo con la representación de los aspectos de la
cultura y la historia judías como se puede comprobar especialmente en las obras
de Chagall o Kitaj.
Los partidarios de la
Haskalá, que obraron en favor de la Emancipación, impulsaron a los artistas a
hacer abstracción de los preceptos religiosos a riesgo de sufrir el anatema de
los sectores ortodoxos. La corriente por la cual se inclinaron numerosos
artistas llevó entonces al fenómeno del expresionismo judío el cual impulsó un
verdadero ímpetu de renovación a la representación de los símbolos, signos y
ritos de la cultura judaica.
Gracias a la Haskalá y a
la nueva mentalidad de estos artistas, el mundo del arte prestó una nueva
dimensión a la mentalidad de esos artistas, luego de 1870, de los que
emergieron pintores como Jozef e Isaac Israëls, Edouard Moyse, Isidore
Kaufmann, Mauricy Gottlieb, Simeon Solomon, Gustav Bauernfeind, Max Liebermann,
Abel Pann, Lesser Ury, Yehuda Penn, Marc Chagall, Henry Hayden, El Lissitzky,
Amedeo Modigliani, Julius Pascin, Chaïm Soutine, Moïse Kisling, Jankel Adler,
Eugène Zak, Chana Orlov, Louis Marcoussis, Marcel Janco, Mané-Katz, Moshe
Castel, Reuven Rubin, Nahum Gutman, Marcel Dyf, Pinchus Krémègne, Michel Kikoïne
y tantos otros.
Hacia 1880 no hubo más de
una treintena de buenos pintores judíos que trabajaban en Europa. Cincuenta
años más tarde, su número se había decuplicado pero la edad de oro sólo duró
tres décadas entre 1910 y 1940, es decir, hasta el momento de la invasión de
Europa por las tropas nazis. Con la llegada de la guerra, las persecuciones se
generalizaron inmediatamente en los países ocupados y el Holocausto causó la
desaparición de numerosos artistas de talento. Cuando terminó el conflicto la
idea de ver por fin nacer a una escuela judía de pintura se había desvanecido y
eso a pesar del éxito mundial obtenido por Chagall. Después de su muerte, en el
único lugar donde tuvo lugar un surgimiento artístico equivalente al período
anterior a la Shoa, fue en Israel donde numerosos pintores han tratado a menudo
temas vinculados con las tradiciones del Judaísmo y su folklore.
Siempre hay un comienzo
en lo que concierne a toda escuela de pintura y para los pintores judíos, el
verdadero comienzo tuvo lugar dentro del marco determinado por el academicismo.
Durante la primera mitad del Siglo XIX se pintaron retratos y algunos paisajes,
fueron muy escasos los temas elegidos relacionados con la vida en el seno de la
comunidad.
De hecho, las
prohibiciones en la producción artística judía, concernían a la representación
de imágenes, existía una fuerte inclinación, muy largamente practicada, hacia
un arte judaico pleno de símbolos y signos, los pintores que se ocuparon de la
vida judía no fueron numerosos. Además varios pintores no judíos, como
Rembrandt, doscientos años más tarde habían realizado los retratos de numerosos
rabinos y pintado numerosas escenas del Antiguo Testamento
Así, Jozef Israëls se
dedicó a pintar típicas escenas holandesas y muy raramente temas judíos en
tanto que Camille Pissarro, quién era judío estuvo exclusivamente ligado al
movimiento impresionista y no produjo obras inspiradas por sus orígenes.
Más tarde, Modigliani, un
judío italiano, se instaló en París donde encontró su propio estilo que se
hallaba completamente alejado de las tradiciones judías. Lo mismo puede decirse
de Hayden, Kisling, Pascin y Soutine. De los maestros que se convirtieron en
los fundadores de la Escuela de Paris y su relación con el judaísmo no puede
percibirse más que a través del modo de expresión y de la utilización de
colores que los hizo inscribirse en un movimiento determinado. Había en ellos
un verdadero sentimiento específicamente judío, que se trasuntó en muchas obras
ya que estos pintores, lo quisieron o no, permanecieron ligados en su mayor
parte a sus raíces familiares y a los países de dónde venían.
Ellos fueron como
expatriados a Paris, Berlin o Viena que se convirtieron en sus nuevos lugares
de residencia, pero permanecieron unidos por sus afinidades y formaron una
comunidad unida con otros emigrados no judíos como Picasso, Juan Gris o
Kandinsky. Sin embargo, para los franceses continuaron siendo extranjeros y
solamente una minoría llegó a sentirse parte de su nueva patria. Sin embargo,
el período caótico de la Segunda Guerra Mundial no tardó en recordarles sus
orígenes y que ser judío y aún cristiano con un padre o un abuelo judío,
constituía una terrible desventaja a través de toda la Europa ocupada.
Marc Chagall no fue
diferente de esos artistas aunque adoptó una aproximación diferente en su
manera de trabajar. Muy conocido por sus raíces judías, pintó la escena que le
recordaba su juventud en el Shtetl y durante toda su carrera, su inspiración
estuvo largamente ligada a la Biblia. Contrariamente a Chagall, Moïse Kisling
en Paris o Henryk Kuna en Polonia, con todo y pese que ambos nacieron en
familias judías, vivieron y trabajaron completamente fuera del contexto
judaico.
Sería sin embargo
inexacto pretender que los artistas judíos no comenzaron a manifestarse más que
en el siglo XIX. De hecho a pesar del Décimo Mandamiento, decretando que estaba
prohibido erigir estatuas y señalando que no podían postrarse ante ellas o
adorarlas, los judíos que Vivian en Tierra Santa hace dos mil años y más aún, se
tomaron la libertad de erigir esculturas en sus calles o decorar las sinagogas
que fueron ricamente decoradas mientras que algunos de sus miembros encargaron
manuscritos ilustrados para su propio uso personal. No existe de hecho un arte
judío en un plano convencional en relación a otras corrientes artísticas
marcadas por las influencias griegas, romanas, góticas, francesas, alemanas
flamencas o italiana. Tampoco los artistas que produjeron en la Edad Media, los
manuscritos iluminados judíos, fueron exclusivamente judíos.
Félix Nussbaum
A continuación
comentaremos sobre algunos pintores judíos no tan conocidos como Félix Nussbaum
nació el 11 de diciembre de 1904, en Osnabrück, al noroeste da Alemania, en el
seno de una familia judía. Sus padres, Phillip y Rachelle, eran judíos
tradicionales que consideraban a Alemania como su patria. Phillip Nussbaum, el
padre de Félix, era un orgulloso patriota alemán perteneciente a la asociación
de veteranos de la primera guerra mundial. Cuando el régimen nazi llegó al poder,
tuvo que renunciar a su membresía. En su despedida, dijo: “…por última vez,
queridos camaradas de armas, les saludo como un leal soldado… y si alguna vez
soy llamado bajo la bandera, estoy pronto y deseoso…”.
Por esa época, Félix
estaba en Roma con un pequeño grupo de estudiantes alemanes, tras haber ganado
una beca en la escuela italiana de la Real Academia de Arte de Berlín. Poco más
tarde, la beca le fue cancelada por su condición judía.
En 1994, a 50 años de la
muerte del pintor, se inauguró en Osnabrück una importante retrospectiva, a la
que se incorporaron obras recuperadas de inescrupulosos custodios y otras
descubiertas en sótanos húmedos o altillos polvorientos. Poco tiempo antes de ser
llevado a Aushwitz, le dijo a un amigo que le escondiera sus pinturas.
“Si yo muriera, no
permitas que a mis obras le sucediese lo mismo, muéstralas al mundo”.
Malva Schaleck
Otra pintora no muy
conocida es Malva Schaleck que nació en Praga el 18 de febrero de 1882. Su
familia, culta y de buena posición, tenía raíces en Bohemia. Era la menor de
cuatro hermanos. En la planta baja del edificio en el que vivía la familia
había una gran librería, propiedad de los Schalek. También eran dueños de una
biblioteca circulante, una biblioteca musical (Musik Schaleck) y una mueblería
(Möbel Schaleck) en otras partes de la ciudad.
Su abuelo (Joseph) y su
padre (Gustav) tomaban parte activa en las actividades políticas y culturales
del movimiento nacionalista checo, y la librería constituía un salón para los
intelectuales. Esta actividad no cesó a la muerte de su padre, acaecida
súbitamente en 1889, sino que fue continuada por la madre, Judith (su apellido
de soltera era Wohl). Varios años más tarde, la madre de Schaleck se casó con
el Dr. Schnitzer, y la familia se trasladó a Hohenelbe, donde Malva completó
sus estudios secundarios. Luego ella partió hacia Munich. Allí estudió arte
durante un año en la Frauenakademie. Se mudó a Viena y abrió un estudio con la
ayuda financiera de parientes que vivían en esa ciudad. También la ayudaron con
conexiones sociales. Schaleck adquirió notoriedad como retratista. Posaban para
ella especialmente judíos de clase alta y media.
El Tío Peppi de Schaleck,
banquero, era el cuñado de Johann Strauss (h) y estaba muy conectado con los
círculos artísticos de Viena. Estaba orgulloso de la obra artística de su
sobrina y le puso un estudio en el edificio del Theater an der Wien. También la
presentó a artistas y miembros de la alta sociedad de Viena, algunos de los
cuales posaron para ella. Entre ellos estaba Katerina Schratt, la amante del
Kaiser Franz Josef. Malva Schaleck se constituyó en miembro de los círculos
artísticos, y se relacionó con los compositores Johann Strauss hijo y Brahms.
Con la Anschluss (la
anexión de Austria a Alemania, en marzo de 1938) y la introducción de leyes
antisemitas por parte de los nazis, Schaleck huyó de Viena, dejando todos sus
trabajos en el estudio. La acompañaba su tía, Emma Richter, cuyo hijo había sido
asesinado recientemente por los nazis debido a sus actividades políticas. Las
dos mujeres se trasladaron a Leitmoritz, Checoslovaquia, donde Robert, el
hermano de Malva, era juez de la ciudad. El miedo y la angustia la acuciaban.
Dependía de la generosidad de muchas personas, y mientras escapaba se enteró de
la terrible suerte corrida por algunos miembros de su familia.
En 1942 Schaleck fue
transportada al gueto de Terezin. Este fue un período de dificultades físicas y
gran angustia. A pesar de su precaria salud, creó muchas obras en secreto,
obras que describían escenas de la vida en el gueto. Sus trabajos estaban
realizados a lápiz, carbonilla y acuarela, y los ocultaba en las paredes de los
edificios. Descubiertos después de la liberación, constituyen fiel testimonio
de diversos aspectos de las condiciones de vida en el gueto-campo deTerezin.
Después de negarse a
retratar a un médico colaboracionista, Malva Schaleck fue enviada a Auschwitz
el 18 de mayo de 1944, donde murió.
Jules Pascin
El 31 de marzo de 1885,
en Vidin, Bulgaria, nació Julius Mordechai Pincas, octavo hijo (llegarían a ser
11) de la familia de un próspero comerciante de cereales.
En 1902 inició sus
estudios de pintura en Viena, trasladándose el año siguiente a Munich, donde se
inscribió en la Academia de Arte Heymann. Paralelamente, comenzó a trabajar
como ilustrador para las revistas germanas Jugend y Simplicissimus, de amplia
difusión. Se trataba de caricaturas cercanas a la obscenidad con las que su
nombre se hizo muy conocido. La Boheme. Recién cumplidos los 20 años, Jules
Pascin, como empezó a firmar, fue recibido la víspera de Navidad en la Gare
(estación de ferrocarriles) de Montparnasse por un contingente de «Domiers», un
grupo internacional de artistas plásticos y escritores que se reunían en el
Café du Dôme, del que se hizo figura infaltable. Acostumbraba dibujar allí,
usando lo que tuviera a mano, incluyendo fósforos quemados y gotas de café para
colorear. Como su gran amigo Amadeo Modigliani y tan talentoso e importante como
él en L.Ecole de Paris, se enorgullecía de ser considerado un artista romántico
y bohemio. En su estudio organizaba extravagantes fiestas, que contribuyeron a
convertirlo en una leyenda de la orilla izquierda del Sena. Aunque participó en
exitosas exposiciones colectivas en Francia, su primera muestra individual se
llevó a cabo en la Galería Paul Cassirer, de Berlín, en 1907 y, más tarde,
expuso en la Berlin Secesión y en el Sonderbund – Ausstellung, de Colonia.
Para evitar ser reclutado
por el ejército, se trasladó a Londres en 1914 y continuó viaje a Nueva York en
octubre del mismo año. Allí, Pascin tomó contacto con algunos pintores de
vanguardia, como Walter Kuhn, Yasuo Kuniyoshi y el también judío Max Weber, los
que recibieron la influencia de su estilo figurativo, enriquecido con elementos
del expresionismo y del cubismo, su sutil manejo de la línea y el color, además
de su extraordinaria habilidad para el dibujo.
Se sucedieron exitosas
exposiciones en el Armory Show y la Berlin Photografic Company de Nueva York,
en el Salón d.Automme, el Salón des Indépendents y la Galería Berthe Will de
París. Pascin se dedicó también a viajar. Realizó largos recorridos por el sur
de Estados Unidos y Cuba. El artista plasmó sus experiencias en rápidos y
brillantes croquis a lápiz, realzados, en ocasiones, por delicados toques de
color. En 1918 se casó con Hermine David, a quien había conocido años atrás, en
París, como estudiante de arte. Pero en 1920 se hizo amante de Lucy Krohg,
esposa de un pintor noruego, con la que viajó por Argelia y Túnez, siempre
boceteando y pintando. A su regreso de un viaje por Italia, en 1927, obtuvo la
ciudadanía norteamericana, con el apoyo de Maurice Stern y de Alfred Stieglitz,
el galerista que tanto ayudó a los artistas judíos en Nueva York.
Durante toda la década
siguiente, se realizaron numerosas y muy bien recibidas exposiciones de su obra
a ambos lados del Atlántico.
Pero, en 1930, la muestra
presentada en las Knoedler Gallerías de Nueva York mereció críticas adversas.
Poco después, el 2 de junio del mismo año, después de ver sus cuadros expuestos
en la Galería Georges Petit y tras una más de sus tormentosas discusiones con
Lucy, Pascin se suicidó, colgándose en su estudio.
La niña de las botas, el
cuadro que hoy presentamos fue pintado poco tiempo antes del suicidio del
artista. Se transparenta la evidente compasión del pintor por las prostitutas y
otros seres marginales. La expresión
desencantada y resignada de la muchacha, apenas vestida, el ambiente sórdido
apenas insinuado, que no logran alegrar las flores, están plasmados gracias a la fina
sensibilidad y la penetración psicológica del artista.
Su técnica pictórica, de
contornos dibujados a carboncillo, completados con tonos suaves y sombreados de
óleos diluidos en trementina, con efectos que se asemejan a los de la acuarela,
intensifica la triste atmósfera.